Resignación
Un día quise surcar los mares. Sin rumbo fijo, enfilé mi proa hacia horizontes lontanos. Mi barco, venturoso hasta entonces, fue mecido por las olas inquietas que chapoteaban, cotorreras, al chocar con el casco imperturbable.
Pero un temporal arrió mis velas y castigfó mi optimismo.
Desconcertado, quise volver, y renegué del injusto castigo de la Naturaleza. Busqué mi brújula y apenas si pude darme cuenta del lugar en que me hallaba.
Dios tuvo piedad de mi; y, más tarde, fui conducido por hombres buenos que sortearon mi angustia mostrándome el camino de la resignación.