La fé
Oí silvar al viento que a veces acaricia y que a veces, tempestuoso, lastima.
Escuché el rumor de las olas que, al encresparse, quiebran su furor arrogante y que, resbalando apenas, mueren cansadas sobre la superficie de la playa gris.
Clamé por defenderme del castigo que acecha sobre la tierra negra y que ensombrece las ilusiones de los seres humanos.
Pero sólo me respondió el misterio.
Entonces busqué el refugio de la fe y pude fabricar mi resignación y mi esperanza.