Paisaje
El viejo Sol, hastiado de brillar triunfante, se perdía en el multicolor enjambre de una inmensa paleta de pintor.
Los ojos del trotamundos se prendieron del paisaje que cortaba la línea del ocaso infinito.
Las gaviotas, errantes, como plumas que meciera el viento, jugaban frente al paso del tiempo.
Quiso el trotamundos gritar a la vida su canción más alegre, pero sintió el penoso castigo de los años.
Entonces, angustiado, lloró su queja y cayó en el refugio misterioso del sueño que se escondía entre las sombreas de lanoche sin fin…