No te tortures
Camina, alma joven. Navega de prisa,
por la tierra oscura, por el ancho mar,
que surja tu risa,
y tu cantar.
Olvida esas penas que te afligen tanto.
No observes el viejo sendero,
sembrado de llanto,
lastimero.
Levanta la vista. Mira el más allá,
y goza, altanera, desafiando al viento,
que viene y que va,
como un lamento.
No te tortures alma incierta y triste.
Las horas nunca marchan hacia atrás.
No añores lo que antes fuiste,
jamás.
Piensa que el pasado no será presente.
Que las cosas idas son brisas de ayer.
No escarbes la paz del ausente,
que no ha de volver.
Y en la magia roja de tu hermosa boca,
sensual y golosa,
que asome el misterio de tu risa loca;
y grita, atrevida e inquieta,
sonora y airosa,
como el contoneo de una pandereta,
que agita triunfante,
ligera y vibrante,
la mano nerviosa.