Naturaleza

10Percibí el himno dulce de las aves del campo,
y el roce rumoroso de las hojas traviesas,
que se juntaban mucho,
para poder hablar.

El agua del riachuelo pregonaba sus quejas;
el musgo de su lecho recogió su cantar;
el polvo del camino se escondió en el paisaje,
y hasta la luz del Cielo comenzó a bostezar.

Luego, escuché el murmullo de la tarde muriente,
y me alcanzó el silencio de la noche al dormir.
Tus manos, ardorosas, encontraron mis manos,
y mis labios abrieron tu boca de coral.

Después,
después ya fue otro día y asomó un nuevo Sol;
abandonó su baño;
escaló a las alturas;
encendió su mirada;
se paseó por el Eter misterioso y eterno
y allá, lejos, muy lejos,
fatigado y deseoso de poder descansar,
cerró otra vez los ojos y se perdió en el mar…


Azul y Mar