Luz y penumbra

De las tinieblas, cuando el soñador asomó al ancho campo sembrado de vida, gritó su llanto. No supo si fue escuchado.

Más tarde, enfiló sus pasos por largos caminos luminosos tratando siempre de peregrinar más lejos y con mayor audacia.

Bebió, después, en la fuente cristalina del perdón.

Y, cuando deseoso de saciar sus ansias de luz, el soñador se quejaba de no ser escuchado, la fuerza de la luz se apiadó de él acercándolo, silencioso, al lugar de su cita.

Pero, cuando, cansado, al fin llegó, tuvo que prepararse para partir y se marchó llorando…


Azul y Mar