La vida y la paz…

Mi amigo en el Mundo, al asomar de pronto en la ruta de la verdad fingida, lloró.

Después, aún temprano, le impusieron un nombre que no pudo escoger, y rió.

Más tarde se adiestró en el manejo de las cosas mundanas; quitó al vecino lo que a los dos pertenecía y siguió luchando con ambición humana.

Prosiguió así por los anchos senderos de la vida que canta y continuó por el amplio camino de los seres que viven.

Cansado, al fin, volvió a llorar. Se acostó, luego, sobre un lecho del color del marfil y se entregó, dormido, a los brazos de la verdad eterna…


Azul y Mar