La verdad desnuda
Un día quise entonar un himno a la verdad desnuda.
Cambié mis ropas pulcras, escogidas y busqué aquellas que se habían hecho a mis formas carentes de belleza.
Y entonces, iluso, fui en pos de una beldad hermosa como fruto lozano.
Pero la beldad huyó de mi.
Quise hablar sin rodeos y sin trabas y dije a los demás la verdad sin recortes.
Pero los demás se apartaron de mi porque dijeron que mi verdad destilaba odio, indolencia, rencor.
Quise gritar sus defectos a la fe y rendir, sin ropajes malsanos, mi tributo al deseo.
Pero me juzgaron vulgar, adocenado.
Y entonces huí de los demás porque me dieron miedo; y los demás, compasivamente, vinieron hacia mi.
Y me vistieron de luz y me dieron corrientes medicinas.
Y me soltaron al mundo de la verdad vestida para entonar un himno de arrepentimiento.