Escucha siempre

Cuando alguien toque la puerta de tu casa, escúchalo.

Sin oírlo, jamás despidas al que viene a buscarte.

Un día llegó hacia mi un hombre que vendía boletos cargados de esperanzas. Sin profundizar en lo que me expresara, lo dejé que se fuera.

Tocó más tarde la puerta del vecino y conversó muy largo.

Días después, fui yo el que tocó la puerta del vecino. Pero no me respondió nadie. Cambió su suerte y se marchó en pos de mejores vestiduras.


Azul y Mar