El más fuerte

Desde lo alto de la empinada colina, descansando en alguna de las ramas de un árbol que desafiana la pujanza del viento, cantaba el ave.

Atraído por la belleza de sus trinos, el cazador trepó como pudo para dar cima a sus bárbaros deseos de atraparla.

Pero, cuando su trampa comenzaba a actuar, el ave, auxiliada por la fuerza de sus alas, emprendió el vuelo y lo dejó burlado.

Tratando, entonces, de cumplir otro intento, tropezó el cazador y su cuerpo dió en tierra.

Maltrecho, procuró reponerse mientras que, no muy lejos, ubicada en la rama enclenque de un arbusto, el ave seguía cantando su dulce canción.

Y, en tanto el aire fresco acercada a los oídos del trotamundos las melódicas notas que escapaban del afilado pico del pajarillo cantor, las manos del audaz apenas si trataban de poner en alivio al dolor con que había sido castigado su empeño.

Y comprendió la fuerza de los débiles.


Azul y Mar