Ayer y hoy
¿Recuerdas ese ayer tan venturoso,
en que, juntos, salimos a pasear?
Fue aquel un día bello, esplendoroso,
difícil de olvidar.
Tu risa se mezclaba con mi risa;
yo quería correr, cantar, bailar,
marchando a veces con alguna prisa,
y, otras, con lento andar.
Tiempo después, cambiaron tus maneras
y tu dulce sonrisa de mujer;
y, olvidando mis quejas lastimeras,
no me quisiste ver.
¿Por qué? No se. Me quedé a oscuras.
Apenas recordé lo que antes fui;
y, repasando todas tus locuras,
quedé ausente de ti.
-Ahora qué haré?- me dije caminando,
¿adonde iré a parar con mi cariño?
Mis ojos se encendieron, parpadeando,
y lloré como niño.
El Mundo -pensé- rueda día a día,
y todo pasa sin saber por qué.
Llorar se me ocurrió una tontería,
y, de nuevo, canté…
Y el Sol bajaba lento, relumbrante,
dibujando celajes por doquier;
y, con paso más firme que arrogante,
sepulté mi querer.